Archive for junio 2013

¿Cómo de peligrosa es la radiación de un teléfono móvil?

    Esta es una traducción realizada por Miguel Callejón Berenguer del original en inglés publicado el 2 de septiembre de 2008. El autor del original es Brian Dunning.

    Skeptoid.com es una página web dedicada al escepticismo y al pensamiento crítico.




Artwork: Nathan Bebb


    La sabiduría popular y videos subidos a Internet nos dicen que la señal de los teléfonos móviles es peligrosa. ¿Hay algo de verdad en esto?

    Cojamos cualquier revista de orientación al consumidor o visitemos cualquier página web de noticias. Encontraremos artículos sobre una amenaza nueva y aterradora: La radiación que proviene de los teléfonos móviles es peligrosa, quizá capaz de provocar un tumor cerebral o en otro lugar del organismo; la radiactividad podría incluso cocerte el cerebro como si fuera un huevo o asártelo como una palomita de maíz. La mayoría de la gente no tiene más conocimiento científico que el que oye en las noticias, así que tenemos a toda una población creciendo con esta idea. ¿Está este miedo justificado? ¿Son los móviles un peligro en potencia o son, por el contrario, totalmente seguros? ¿O está la verdad, como en otras muchas cuestiones, en algún lugar entre ambos extremos?
    Analicemos con más detenimiento de qué tipo de amenaza estamos hablando. Un reciente artículo publicado en CNN.com cita a la doctora Debra Davis, directora del Centro de Oncología Ambiental de la Universidad de Pittsburgh, afirmando que "estás, simplemente, asándote la médula ósea" y preguntando "¿de verdad quieres jugar a la ruleta rusa con tu cabeza?" El artículo continúa con cinco recomendaciones para limitar la exposición a la radiación del teléfono móvil: Utilizar un dispositivo de manos libres, utilizar el altavoz, cambiar de teléfono, etcétera. La CNN publicó más tarde otro artículo en el que citaba de nuevo a la doctora Davis, afirmando esta vez que los niños corren un riesgo especial, ya que sus cerebros se están desarrollando y debería permitírsele el uso de teléfonos móviles solo en situaciones de emergencia.
    Como directora de un centro de oncología, ya debe haberlo visto todo en lo que respecta al tratamiento de los enfermos de cáncer y, dado que aparece en la CNN hablando sobre los riegos de los teléfonos móviles, debe poseer una extensa experiencia tratando cánceres causados por teléfonos móviles. ¿No es así? Bien, es lo que uno pensaría, pero parece ser que la CNN no es tan exigente con sus entrevistados. Debra Davis está doctorada en "estudios científicos", sea lo que sea lo que eso significa, no en medicina, y no está especializada en área alguna de la física, disciplina en la que se encuadra el estudio de la radiación electromagnética. Ahora bien: no pretendo difamar a la doctora Davis; posee una buena formación, complementada con experiencia, y todo tipo de publicaciones y galardones en su campo. No obstante, quiero llamar la atención sobre el hecho de que cuando la CNN trae a la televisión a un médico para hablar de un problema de salud pública, no deberías dar nada por sentado. Tú eres el que ha supuesto que ella trata a pacientes de cáncer y que ha sido testigo de primera mano de los efectos perjudiciales de la radiación de los teléfonos móviles. Lo cierto es que el único peligro del que la doctora Davis habló en realidad fue el de que "los teléfonos móviles son de uso común solo desde hace unos 10 años y, por esta razón, aún no se han determinado los efectos a largo plazo que la radiación que emiten tiene en el cerebro." Ni ella ni la CNN mostraron ningún ejemplo de los efectos perjudiciales de un teléfono móvil ni argumentaron de manera teórica que exista un peligro plausible.



    La doctora Davis además se equivoca de parte a parte en algo muy importante, al afirmar que aún no ha transcurrido el tiempo suficiente para que se realicen estudios a largo plazo, o que la relación entre teléfonos móviles y cáncer no se ha estudiado como es debido. De hecho, el Diario del Instituto Nacional del Cáncer publicó los resultados de un enorme estudio que se llevó a cabo en Dinamarca y que, durante 13 años, hizo un seguimiento del historial de cáncer de 420 000 usuarios de teléfonos móviles. Uno podría pensar que alguien de la posición de la doctora Davis estaría enterado de ello o que por lo menos se tomaría las mínimas molestias de documentarse sobre tales estudios antes de ir a la CNN a pregonar que estos no se han llevado a cabo. El estudio estaba centrado sobre todo en encontrar un aumento de la incidencia de tumores cerebrales o del sistema nervioso, de las glándulas salivales y leucemia. Se llegó a la siguiente conclusión:

    El riesgo de sufrir cualquiera de estos cánceres [...] no sufrió variación por un mayor uso diario del teléfono móvil, por el tiempo que hubiese transcurrido desde que se empezó a utilizar, por la edad a la que se empezó a utilizar, ni por el tipo de teléfono móvil (analógico o digital). El análisis de los tumores cerebrales o del sistema nervioso que se desarrollaron en los sujetos que participaron en el estudio no mostró [razones de incidencia estandarizada] estadísticamente significativas para cualquier subtipo de cáncer o localización anatómica. Los resultados de esta investigación [...] no respaldan la hipótesis de que exista una relación entre el uso de teléfonos móviles y la incidencia de tumores cerebrales o de las glándulas salivales, leucemia u otros tipos de cánceres.

    La falta de una conexión no es sorprendente, ya que no existe una hipótesis plausible que explique cómo un teléfono móvil podría dañar el tejido humano. La radiación electromagnética que se encuentra por debajo del espectro visible, donde se sitúan las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles y los dispositivos de radio, no es radiación ionizante y, por ello, no puede dañar las células vivas o romper un enlace químico. Los hornos microondas, cuya radiación se encuentra justo por encima de la de los móviles en la escala de frecuencias, funcionan mediante la oscilación de un campo de radiación extremadamente poderoso. Dicha oscilación hace que las moléculas de agua se calienten debido a la fricción existente entre ellas. La radiación de los teléfonos móviles es tres veces más débil; de hecho, demasiado débil como para que las moléculas de agua se muevan, y no oscila, lo cual no causa fricción. Una vez eliminadas las hipótesis del calor y de la radiación ionizante, no quedan alternativas plausibles. Por supuesto, es imposible probar que no existe un riesgo potencial, pero todos los factores de riesgo, conocidos o planteados de manera teórica hasta la fecha, han sido completamente descartados.
    Pero si esto es así, ¿cómo se originó la historia? ¿Cómo llegaron los teléfonos cancerígenos a ser uno de los mitos de nuestra cultura popular?
    Comenzó en 1993, cuando un chico llamado David Raynard fue al programa de Larry King, en la CNN, a hablar sobre la demanda que había interpuesto contra las empresas de telefonía móvil por la muerte de su esposa, usuaria de dicho servicio y que falleció de un tumor cerebral. No cabe duda de que el señor Raynard es digno de compasión, pero eso no implica que la razón esté de su parte. Por desgracia para el racionalismo, el programa de Larry King le dio la credibilidad suficiente a la noticia como para convertirla en un hecho comúnmente aceptado. A pesar de que el señor Raynard aseguraba que el tumor de su mujer tenía la misma forma que la antena de su teléfono móvil, la causa fue desestimada por falta de pruebas.
    Otra razón por la que esta creencia aún persiste es porque sigue siendo promovida por charlatanes que comercializan artículos para proteger al consumidor de cualquier peligro potencial. Promover el miedo es una gran estrategia de mercadotecnia de la que se valen. Cardo Systems es un fabricante de manos libres para telefonía móvil, artículo este promocionado con intensidad como la mejor manera de reducir la exposición a la radiación. Como es bien sabido, esta empresa publicó en YouTube una serie de montajes en los que mostraba cómo varias personas hacían palomitas de maíz colocando varios granos, rodeados de unos cuantos teléfonos móviles encendidos, encima de una mesa. 




    Cuando la CNN desenmascaró el montaje, el director general de Cardo Systems declaró que los videos eran solo una broma y que la idea de asustar a la gente para que pensaran que los teléfonos móviles podían hacer palomitas de maíz ni se les había pasado por la cabeza. Puedes juzgar por ti mismo la credibilidad de sus palabras.



 El plátano contiene un 0,0117 por ciento de potasio-40 (isótopo K-40), que es radiactivo. (Wikipedia)

    En YouTube también existen una serie de videos en los que se muestra cómo unos huevos se cuecen tras colocarlos varios minutos entre dos teléfonos móviles encendidos, pero, de nuevo, se ha demostrado sin lugar a dudas la imposibilidad de que esto ocurra. Brainiac, un programa de la televisión británica, lo intentó con 100 teléfonos. ¿El resultado? Ninguno en absoluto. La temperatura de los huevos no varió en lo más mínimo. Seguían igual de crudos.
    Algunas de las compañías que venden artículos para proteger de la radiación a los usuarios han creado secciones en sus páginas web donde citan comunicados oficiales que insisten en que no está probado que los teléfonos móviles sean seguros. También suelen citar un estudio en particular, conocido como "the Guy study" ("el estudio de Guy"), publicado en 1992 en Bioelectromagnetics, una revista científica arbitrada. Quizá recuerdes al coautor de este estudio, C. K. Chou, científico experto en radiación electromagnética y sobre cuyas investigaciones hablamos en el capítulo que dedicamos a el zumbido", the Hum. El estudio de Guy consistió en exponer a varias ratas a altos niveles de radiación electromagnética durante 22 horas al día a lo largo de dos años. Dieciocho de las ratas que sufrieron la exposición desarrollaron tumores, frente a 5 en el grupo de control. Las empresas que comercializan accesorios para teléfonos móviles se detienen en este punto; necesitas indagar un poco más para descubrir que otros científicos no han sido capaces de alcanzar los mismos resultados y que no se demostró que la radiación electromagnética fuese la responsable de la incidencia de casos de tumores, aun siendo esta estadísticamente significativa. De hecho, en otro estudio realizado por Adey et al, también publicado en Bioelectromagnetics, varias ratas fueron expuestas a una sustancia química cancerígena. Algunas de ellas fueron, a continuación, expuestas a radiación electromagnética. El doctor Adey encontró en realidad una incidencia menor de tumores en las ratas expuestas a radiación, pero el resultado no era lo suficientemente grande como para extraer conclusiones. Ni siquiera en los estudios más rigurosos realizados con animales se ha encontrado evidencia alguna que vincule la radiación de los teléfonos móviles a problemas de salud.


    Podemos encontrar discutible la ética de estas empresas de promover el miedo como medio para hacer negocio, pero eso no significa que los productos no sean una precaución sensata. No tiene nada de malo prevenir ahora y no tener que arrepentirse después, ¿no? Bueno, quizá te arrepientas cuando, tras gastarte el dinero que tanto te ha costado ganar en un producto destinado a protegerte de la radiación de tu teléfono móvil, escuches lo que la Organización Mundial de la Salud tiene que decir al respecto. En una de sus notas descriptivas indica lo siguiente sobre este tipo de dispositivos:

    La eficacia de ciertos dispositivos comerciales ideados para reducir la exposición a los campos electromagnéticos no está demostrada. [...] En los dos últimos decenios se ha realizado un gran número de estudios para determinar si los teléfonos móviles pueden plantear riesgos para la salud. Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud.



    Hasta este momento, los experimentos llevados a cabo respaldan la posición escéptica inicial. Cuando alguien afirma que "la radiación de los teléfonos móviles provoca cáncer" o algo similar, la hipótesis nula se presume verdadera hasta que se hallen evidencias que respalden la afirmación. Y, a día de hoy, todos los resultados obtenidos respaldan la hipótesis nula. Quizá mañana las cosas cambien, y nos encontremos con que los teléfonos móviles son perjudiciales, o que lo son los enchufes eléctricos de 60 Hz o desplazarse a más de 50 kilómetros por hora. Una buena actitud escéptica está abierta a cualquier buena evidencia que respalde cualquier afirmación. Pero por ahora voy a seguir disfrutando de mi iPhone y a estar muy contento de que haya una antena de telefonía en mi vecindario.


UN BREVE GLOSARIO:


Accolade: galardón.

Bone marrow: médula ósea.
Chemical bond: enlace químico.
Standardized incidence ratio: razón de incidencia estandarizada.
60-cycle electrical outlet: enchufe eléctrico de 60 Hz
jueves, 27 de junio de 2013
Posted by Unknown

La fe en la ciencia

    Esta es una traducción realizada por Miguel Callejón Berenguer del original en esloveno publicado el 28 de junio de 2012. El autor del original es Nejc Žorga Dulmin.
    Skeptik.si es una página web dedicada al escepticismo y al pensamiento crítico.



    A  menudo nos encontramos con la expresión "la fe en la ciencia", utilizada para argumentar que los escépticos somos iguales que aquellos que creen en la homeopatía o en los ángeles. Que también "creemos" en la ciencia, lo que la pone a la altura de cualquier otra creencia.
    El problema quizá resida en la frecuencia con la que se utilizan las expresiones "la ciencia dice" o "la ciencia no lo sabe". Esto puede de inmediato ofrecer la errónea visión de que la ciencia es algún tipo de institución o, incluso, de que se trata de una señora que, ataviada con un velo blanco, nos revela la naturaleza de las cosas.
    Otra expresión que se utiliza con la misma frecuencia es "la ciencia no lo reconoce", de la que se puede inferir, por error, que la ciencia es una especie de institución. Sin embargo, esa expresión es la versión breve de lo siguiente: "las evidencias, experimentos y mediciones apuntan a que las cosas son de tal manera". Por ello, si no existen (buenas) evidencias que sustenten la eficacia de la homeopatía no es porque "la ciencia no lo reconozca", sino porque todo apunta a que la homeopatía no funciona. "La ciencia no lo reconoce" se podría expresar también de otro modo; como "la realidad no lo reconoce".


            
    La ciencia no es ni una institución, ni una ideología. La ciencia es el método para descubrir cómo funciona todo lo que nos rodea; es la mejor herramienta para la búsqueda objetiva de la verdad, es decir, de la realidad. La ciencia, mediante evidencias, mediciones y tests, llega a una serie de conclusiones. Cuando se tienen nuevas evidencias, las conclusiones se revisan de ser necesario. Hay quien podría ver en esto una debilidad, pero es precisamente lo contrario: en ello reside la fuerza de la ciencia. El hecho de encontrar nuevas evidencias implica adquirir nuevos conocimientos, implica el abandono de teorías erróneas o ineficaces, lo que a su vez implica, en última instancia, un avance. Ningún crítico de la ciencia será tan implacable con ella como lo es la ciencia consigo misma.
    Esto se debe a que el método científico sigue un orden: 1) las pruebas, seguidas de 2) las conclusiones. Esto es de suma importancia, ya que el proceso inverso puede dar lugar a algo totalmente distinto. Cuando se habla de ideas o conclusiones ya preconcebidas, para las que hay que buscar evidencias que las corroboren, debemos andarnos con cuidado. En ese caso estamos hablando de pseudociencia. Un buen ejemplo de ello es el creacionismo, que en primer lugar tiene en cuenta qué dice la Biblia y, a continuación, busca (malas) evidencias que confirmen lo recogido en ella.
    La ciencia es, por ello, un método para descubrir cómo funciona todo lo que nos rodea y, de momento, es el mejor método (y si se demuestra que no lo es, la ciencia lo corregirá :) ). La fe no se ocupa de la realidad o, mejor dicho, no la niega, ya que no le interesan ni las evidencias ni  los experimentos. De lo contrario, por definición ya no sería fe.
    "La fe en la ciencia" no es, por tanto, una expresión con sentido; la ciencia no es una religión sino la aplicación de un método con el que descubrimos qué es la realidad, cómo funciona y cómo  no.


    No debemos tampoco confundir el método científico con los científicos. Los científicos también son personas y las personas pueden incurrir en error. Por ello, antes de que se pueda hablar de nuevos descubrimientos, todo experimento ha de ser reproducido o, mejor dicho, reproducible. Y no solo lo debe reproducir el dr. Jože; también lo tienen que reproducir el dr. Smith o el dr. Ping, en otros países. Todo científico, donde quiera que se encuentre, tiene que llegar a las mismas conclusiones, de ser estas correctas. De no ocurrir así, la causa puede deberse a un error en el experimento inicial o que los resultados sean inventados, es decir, falsificados.

    Terminaré con una de mis citas favoritas de la que, por desgracia, desconozco el autor (si es que existe): "La ciencia se humilla ante la evidencia."


UN BREVE GLOSARIO:
Biti ponižen (pred čem): humillarse, ser humilde (ante algo, en caso instrumental)
Smiseln: sensato, con sentido.
Tičati: residir (un problema), estar metido.
            V tem grmu tiči zajec: esa es la madre del cordero o el quit de la cuestión.
Zaključek: conclusión.
Spoznanje: conocimiento.
jueves, 20 de junio de 2013
Posted by Unknown

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jueves, 6 de junio de 2013
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